TREFEMAC 2015 en Los Reyunos

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Soy un privilegiado por poder trabajar de físico. La profesión no es de las que llenan de satisfacciones: la carrera exige estudio intenso, los puestos de trabajo son escasos, el salario no es extraordinario (aunque no me quejo en absoluto de la generosidad estatal para conmigo), hay mucha competencia.

Si embargo, además de ir al IFLySiB a hacer lo que me gusta, cada tanto aparece la oportunidad de disfrutar intensamente algunos días, como los que sucedieron esta última semana y media en Los Reyunos, un complejo de la UTN a pocos kilómetros de San Rafael, en Mendoza.

Gracias a Tomás Grigera, que me invitó a participar de un curso que se dictó una semana antes del congreso, y a la organización que materializó esa invitación, viajamos hacia los Reyunos a inaugurar una experiencia que se hace en otros ámbitos, pero era la primera vez que se hacía en el contexto de TREFEMAC.

El resultado, en lo personal, resultó muy bueno. El lugar es magnífico, y los días fueron perfectos, con lo cual daba mucho gusto circular por allí, con la vista perdida en el lago y el horizonte. La convivencia con los profesores del curso fue muy buena. A Tomás ya lo conocía pero a Sebastián Bustingorry, pese a haberlo visto antes (la comunidad es pequeña), no lo conocía tanto y es un tipo extraordinario. La organización se ocupó en todo momento de que estemos cómodos, y quiero agradecer y felicitar, a través de Fabricio Sánchez, a todo el comité organizador.

El aspecto que aseguró el éxito de la experiencia fueron los alumnos. Es gratificante conocer jóvenes inteligentes y dedicados con total responsabilidad. Verlos trabajar en los contenidos del curso fue conmovedor (especialmente en la previa del asado del domingo), y las charlas durante los almuerzos, cenas y post cenas fueron muy interesantes y divertidas. Afortunadamente, la juventud no está perdida. Ojalá para ellos la experiencia haya resultado tan buena como lo fue para mi.

En definitiva, volvimos a casa con muy buenos recuerdos, y conociendo a gente extraordinaria. También algunas fotos, que se pueden ver en este álbum de Flickr o en este de Google+.

 

Tormenta de verano

Tormenta en retirada.

Por lo general no soy muy afecto al verano. Por supuesto que me gusta cuando estoy cerca del mar, pero cuando no es el caso el calor me resulta muy molesto y prefiero los días más fríos y oscuros. Lo que sí me apasionan del verano son las tormentas. La quietud previa, el día que se …

Eclipse de luna

Luna roja.

No quise ser menos, e intenté yo también capturar alguna foto de este particular eclipse que pintó la Luna de rojo. No me salió bien, no tenía pensado hacerlo y no preparé las fotos. Sin un buen trípode, ni bloqueo de espejo para disminuir vibraciones, los resultados fueron previsibles. Sin embargo, sin mucho orgullo pero …

Chau Orsai, hola Bonsai

Colección completa

Finalmente llegó -muy pronto- el final de Orsai.

Fueron solo 16 números, desde la incertidumbre inicial del N1 hasta la certeza final del N16. Se extrañará mucho la espera de casi dos meses, la llamada de Maxi para coordinar la entrega de las cajas. También abrirlas, olerlas, tocarlas y pasar rápido las páginas para disfrutar un avance de las extraordinarias ilustraciones que luego se recorrerán mirando cada detalle. Y estirar las lecturas para que la revista no se termine tan pronto.

Y también las entregas a los suscriptores, quienes confiaron en mi para aportar al proyecto.

Hace poco Casciari subió una charla donde hablaba de la demanda de contenido de rápido consumo, de lecturas que no lleven más de veinte minutos, y pareciera que hacia allí apunta con su nuevo proyecto Bonsai.

No estoy nada de acuerdo con eso. Me gusta poder disfrutar de textos extensos, con ideas bien trabajadas y uso exquisito del lenguaje. (En el verano pasado leí desenfrenadamente los cinco tomos de “Canción de Hielo y Fuego” de George Martin, cinco voluminosos volúmenes, precisamente.) Y no hay muchas opciones de conseguir material de lectura donde se pueda leer sobre series, personajes, cine, ficción o crónicas como el que ofrecía Orsai. Por supuesto, Casciari/Basilis tendrán sus razones para terminar Orsai, pero me hubiese gustado mucho seguir disfrutando de esas revistas algunas temporadas más.

Quedó el gusto a que fue muy breve.

Orsai deja un vacío enorme. Ahora me niego a leer revistas con publicidad, me parece detestable tener que pagar para que me ofrezcan productos (que en la casi total mayoría, no me interesan consumir) en vez de contenidos interesantes. Ojalá Hernán y Chiri se entusiasmen nuevamente, y el entorno económico sea favorable, para que la Editorial Orsai vuelva con nuevas ediciones de la revista y los contenidos tan maravillosos como los que nos estuvieron sorprendiendo en estos últimos tres años.

No sé aún cómo será Bonsai, es casi una incógnita como fue aquél primer ejemplar de Orsai. Pero luego de años de leer a Casciari, no creo que me defraude con este nuevo proyecto. Me seduce también la promesa de tener material de lectura para compartir con mis niños. Y desde luego, también la idea de seguir eliminando al intermediario.

Allá iremos con Bonsai entonces.

Canon upgrade

canonUpgrade

Cuando era chico había habitualmente en casa cámaras fotográficas y lentes, debido a que mi papá era periodista gráfico. Canon, Leica y Nikon no eran marcas desconocidas en la familia.

La cámara con la que estuve sacando mis primeras fotos fue una Nikon W35, comprada en 1993. Posteriormente pasamos a una Canon Powershot A610, en 2006. Una noble cámara que a pesar de ser muy básica me permitió jugar bastante con ella, especialmente a través del uso del CHDK.

Ahora hicimos el salto a DSLR, una Canon EOS Rebel T3i, que acaba de ingresar a nuestro hogar gracias a la gentileza de Martín Sánchez, quien la trajo desde San Francisco.

Ahora tengo la oportunidad de divertirme con un mejor equipamiento, pero básicamente el propósito es el de registrar la historia de la familia y, sobre todo, recrear para mis chicos el lejano recuerdo infantil.

El Destino

1:11 am del sábado. Fui hasta la cama para lograr que Ignacio (7 años) se duerma, pues a la mañana siguiente había que levantarse temprano para ir a natación.

Ignacio no suele despertarse de buen humor cuando duerme poco. Entonces, intentando obtener un compromiso de inicio amable del día, le pregunté si prometía despertarse de buen humor dentro de pocas horas.

– Eso lo tenés que arreglar con el Destino -me respondió-. A veces el destino dice que si, a veces dice que no.

Parece que lleva una buena porción de la vida recuperar esa sabiduría infantil.

El viernes pasado fue el último día laboral en que Lola (Dolores Solís) vivió el instituto donde trabajo. A partir del lunes estará viviendo en otra parte. Lola ha sido parte del IFLYSIB desde su creación, y va a ser muy raro no verla circulando por allí, ni compartiendo los habituales almuerzos con ella. Tampoco aparecerán tortas fritas calientes cuando amagan a caer algunas gotas de lluvia. A partir del lunes, el IFLYSIB será un lugar diferente.

Es el Destino.

Lola

Niebla en La Plata

Viernes a la noche.

El fin de semana promete comenzar como me gusta: niebla, frío, lluvia. Ideal para quedarse en casa a hacer vida familiar y acumular energías para la semana próxima.

Ahora mismo, desde la ventana veo cómo la niebla le pone misterio a la ciudad y al fin de semana que comienza.

Hernán Casciari – Cómo matar al intermediario

Admiro mucho a Hernán Casciari.

No solo porque disfruto, desde hace años, los textos que escribe en su blog, sino también porque es un tipo muy valiente y comprometido con sus ideas, al punto de abandonar el sistema productivo convencional de cultura y jugarse por un proyecto propio, ambicioso y arriesgado. Especialmente en un momento tumultuoso, cuando es cómodo quedarse en los lugares seguros.

Estoy muy contento por haber tenido una mínima participación en ese proyecto, y espero seguir participando mucho tiempo más.

En esta charla en el TEDxRiodelaPlata, Casciari explica en 20 minutos la historia, presente y futuro de Orsai. Vale la pena verlo.

Ritmo tropical

Este viernes 10 de junio, gracias a la gentileza de Martín Sánchez e YPF, fuimos con Marisa a ver a Los Amados, en la sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino de La Plata.

No los conocía, y salí fuertemente impresionado del espectáculo. Ponen en escena una orquesta tropical, típica de los años 50, con un vestuario sobrecargado acorde con los estereotipos de la música romántica de mitad del siglo pasado. Formaron con piano, trompeta, requinto, contrabajo, percusión y accesorios, además del vocalista y la “cantante invitada”. Entre los temas interpretados (principalmente boleros, pero también candombe, y hasta rock), desarrollaron actuaciones impecables y muy cómicas, incluso improvisando sobre la respuesta del público. Particularmente brillantes son los diálogos entre Alejo “Chino” Amado y el bajista “Tito” Richard Junquera.

El show tuvo un solo defecto: su duración. Una hora deja la sensación de que el espectáculo termina apenas empieza, y por supuesto uno quiere quedarse más tiempo disfrutando de excelente música y muy buen humor.

Sugerencia: si los tienen cerca, no pueden dejar de ir a verlos. Este grupo es lo mejor que he visto desde los legendarios Les Luthiers. Además del video que cierra esta entrada, les dejo el link a Yo voy pie.

20 años de Linux

Comencé a usar linux hace 15 años, al iniciar mi doctorado en el Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos de La Plata. En ese entonces solo lo usaba para correr simulaciones en máquinas específicas para cálculo, mientras que en mi escritorio usaba los Windows NT y 98.

En el 2003 comencé a trabajar en la Autoridad Regulatoria Nuclear, y me encontré entonces que mis libertades piratas estaban muy recortadas, pues no podía instalar allí nada que no tuviese licencia legal. Ese concepto novedoso (el de usar software legal), junto con mi reciente paternidad, me hizo reflexionar sobre qué sistema operativo utilizaría en casa.

En ese entonces acepté un desafío proveniente de mi viejo amigo Alf, que me dijo “instalá un Linux, usalo una semana, y vas a ver que no vas a querer usar nunca más un Window$”.

Así fue.

Hice algunos intento de instalar Gentoo, pero sin banda ancha en casa, y sin experiencia, resultó inútil. Me pasé entonces a Debian, y sigo fiel a esa célebre distro desde entonces. No solo ha resuelto todas mis necesidades computacionales, sino que además me ha permitido construir buenas amistades en la comunidad informática.

Ahora Linux cumple 20 años, y en The Linux Foundation prepararon este lindo video por la ocasión. Lástima que solo lo encontré en inglés.